domingo, 28 de diciembre de 2014

Navidad

Todo el mundo se merece unas buenas vacaciones, incluso yo. Y es que las navidades tienen un no se qué, que qué se yo. Algo especial. Tiempo de familia y chimenea.




El frío invierno, y el calor de las chimeneas. Muchos regalos, ilusión y felicidad. Grandes cantidades de azúcar, y de todos los dulces imaginables. Grandes cantidades de salados también. Y de bebida. Grandes cantidades de todo. 



"Una vez al año, no hace daño"


12 uvas, matasuegras y fiesta. Mucha fiesta. Porque, digo yo, que algo habrá que celebrar. Pero, por encima de todo, propósitos. Apuntarse al gimnasio, adelgazar. Dejar de beber, o de fumar. O las dos  cosas. Estudiar más, trabajar más duro. Portarse mejor, donar dinero a una buena causa. Ir a la Iglesia.

Probar fortuna en el sorteo del niño. Porque en la lotería no te tocó nada. Y lo sabes, como también sabes que en este tampoco te tocará nada. Con algo de suerte el reintegro, a pesar de haberte despertado al sonido de "mil euros" en la tele, creyéndote millonario aunque sólo fuera por un instante.  Pero hay intentarlo, ¿Por qué no? Si al fin y al cabo lo bonito es comprar ilusión. Que te toque o no es secundario.




Guirnaldas, adornos en las casas. Lucecitas de colores, que se encienden y que se apagan. Que parpadean como si algo les hubiera entrado en un ojo. Un árbol, de plástico, pero árbol. Y más luces, y más guirnaldas. Y, si eres bueno, regalos. Pero si eres malo carbón. Aunque en navidad todo lo malo parece menos malo, y todo lo bueno, mucho mejor.

Bastones de caramelo. Polvorones, turrón. Duro y blando, para gustos los turrones ¿no? Mucho tiempo compartido con la familia, y con los amigos. Relajadas vacaciones para algunos, merecidas vacaciones para otros. Un breve suspiro, una parada para coger aire, beber agua, y seguir corriendo.

Ya que, digo yo que todo el mundo necesita un descanso de vez en cuando.


Toma la iniciativa.




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