martes, 14 de octubre de 2014

Invictus

Cuando desistes de algo te estas fallando a ti mismo. Probablemente tengas que replantearte si eso es lo que querías realmente o si no era más que una tontería; quizá algo con lo que te habías encaprichado, como un niño pequeño.





Pocas cosas son las que te van a llegar, en esta vida, como caídas del cielo. Siempre vas a encontrarte trabas, porque la vida es así; difícil. Puede haber momentos peores y momentos mejores, pero "gratis" era verde, y se lo comió una vaca. Y con gratis no me refiero meramente al ámbito económico, sino a aquello que te llega sin esfuerzo. Aquello por lo que no sudas ni una gota para conseguirlo.

Hay que aprender a sobreponerse a los problemas. Fijar una meta y seguir hasta ella siempre, pase lo que pase. Perseverar. Tener claro que no todo va a ser un camino de rosas, y que, aunque así sea, los rosales están llenos de espinas.


"Más allá de la noche que me cubre,
negra como el abismo insondable,
doy gracias al dios que fuere
por mi alma inconquistable.
En las garras de las circunstancias
no he gemido ni llorado. 
Sometido a los golpes del destino
mi cabeza sangra, pero está erguida.
Más allá de este lugar de ira y llantos
donde yace el horror de la sombra,
la amenaza de los años
me halla, y me hallará sin temor. 
No importa cuán estrecho sea el camino,
ni cuán cargada de castigos la sentencia,
soy el amo de mi destino,
soy el capitán de mi alma."


Este poema de William Ernest Henley fue el que ayudó a Mandela durante sus años de encarcelamiento. Probablemente no sea el mejor de la historia, pero estas pequeñas cosas son las capaces de inspirar a una persona, de motivarla. Capaces de iniciar un cambio en tu mentalidad, de hacerte aguantar todo lo que venga cuando persigues un fin; un sueño.

Pequeñas cosas que te hacen valorar lo que tienes y lo que haces. Que consiguen que llegues a ser el amo de tu destino; a ser el capitán de tu alma.

Toma la iniciativa.





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