lunes, 8 de septiembre de 2014

La delgada línea

La vida es una complicada red de delgadas líneas en las que todo ser humano vive balanceándose. El problema viene cuando estas se sobrepasan.

Cuando tenemos demasiado tiempo libre y pocas cosas que hacer nos aburrimos, y a la larga nos invade una sensación de origen desconocido que recorre nuestro cuerpo de arriba a abajo. Nos entra hambre. Da igual que hayas comido cinco minutos o dos  horas antes, eso es irrelevante, tu cuerpo sufre una atracción fatal que irremediablemente lo lleva a la cocina. Es entonces cuando llega ese momento en el que la nevera (así como todo aquel cajón o armario que contenga comida en tu casa) y tu iniciáis un baile ancestral que consiste nada más y nada menos que en abrir la puerta, ver que no hay nada y cerrarla.

Este proceso se suele repetir cada 5 minutos y durante cada repetición, tienes la tonta esperanza de que aparezca algo más apetitoso de comer así como por arte de magia. Por regla general esto no suele ocurrir, dando pie a arrasar toda comida calorica existente en la cocina. La peor parte de estas situaciones en las que en ocasiones te ves inmerso es que por mucho que comas nunca te vas a encontrar saciado completamente, y es justamente por eso por lo que no hay que sobrepasar la delgada línea entre el aburrimiento y el hambre.

Invierte tu tiempo libre en hacer cosas productivas, y no te quedes en casa todo el día. Haz deporte, aprende un idioma o a tocar un instrumento.

Toma la iniciativa.

PD: Mientras tanto en un universo paralelo la nevera sube, abre la puerta de mi cuarto, me ve durante un rato, cierra y se va.







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